Resumen

La presente ponencia pretende reflexionar de modo general sobre las posibilidades de cambio en el ser humano adulto, teniendo en cuenta las limitaciones impuestas por el sustrato biológico de los procesos de aprendizaje. Desde un punto de vista más concreto intenta precisar las implicaciones que la existencia de estos dos tipos de memoria (con sus substratos biológicos diferentes) tiene para la conceptualización y práctica de la psicoterapia. Supone un paso más en esfuerzos previos de integración de los principales paradigmas de la psicología: el biológico, el analítico y el del aprendizaje. El Análisis Bioenergético, al trabajar integradamente con el cuerpo y la palabra en la búsqueda no solo de comprensión sino también de experiencias emocionales reparadoras, se encuentra en una posición privilegiada para incidir en ambos tipos de memorias.

Introducción

La presente ponencia constituye, en cierto sentido, la tercera parte de una trilogía dedicada a la relación del análisis bioenergético con tres enfoques básicos en psicología: el analítico o dinámico, el de la teoría del aprendizaje y el biológico. En las Segundas Jornadas de Análisis Bioenergético de la APAB, en Lisboa en noviembre de 2001, presenté una ponencia titulada “Psicoanálisis y Análisis Bioenergético”, en la que exploraba el componente analítico de nuestra terapia e investigaba los aspectos del Psicoanálisis que podían ser integrados en nuestra conceptualización teórica y en nuestra práctica clínica. En las Primeras Jornadas Ibéricas de Análisis Bioenergético que tuvieron lugar en Madrid en enero de 2003, participé con un trabajo titulado “Elementos de Análisis y Aprendizaje en Terapia Bioenergética”, en el que me planteaba la función que cumple el análisis en nuestra técnica, y los procesos de aprendizaje que tienen lugar en el desarrollo normal, en el patológico y en los cambios que acontecen en cualquier terapia, y en concreto en análisis bioenergético. La ponencia de estas jornadas pretende, en un sentido general, explorar algunas aportaciones que el enfoque biológico puede hacer a nuestro modo de conceptualizar nuestra teoría y de abordar nuestro trabajo terapéutico. Es este un tema que despierta gran interés en la actualidad, como atestiguan algunas ponencias presentadas en las pasadas jornadas y diversos seminarios ofrecidos en Europa, de los que se pueden encontrar referencias en BASIC. Ha sido también un tema que me ha atraído desde siempre y sobre el que he intentado documentarme de forma continuada. Lo que pretendo es compartir con vosotros las reflexiones sugeridas por las abundantes lecturas que he hecho sobre el tema. Me centraré fundamentalmente en la distinción entre memoria explícita y memoria implícita, un asunto especialmente sugerente, aunque también haré referencia, de forma sucinta, a algunos otros temas relacionados, que abordan investigaciones recientes sobre la estructura y funcionamiento del sistema nervioso. En última instancia este trabajo pretende ser una reflexión sobre la constitución del individuo en el curso del desarrollo y sus 2 posibilidades de cambio en la etapa adulta. Dicha reflexión se lleva a cabo a partir de los conocimientos cada vez mayores existentes acerca de los fundamentos biológicos del comportamiento humano en general y del aprendizaje en particular. Gran parte de la información existente sobre dicho substrato biológico procede de experimentos realizados con animales, por lo que su extrapolación a los seres humanos puede ser problemática. No obstante el ser humano es básicamente un animal, aunque complejo, que comparte aspectos fisiológicos fundamentales con otros animales, además de poseer características específicas que le distinguen de ellos. Las fuentes de información utilizadas para la realización de esta ponencia han sido básicamente artículos sobre estos temas publicados a lo largo de muchos años en la revista Scientific American. La mayoría, si no la totalidad de ellos, aparecerán en las ediciones en los distintos idiomas de esa revista, que en España se llama Investigación y Ciencia. En la bibliografía al final del artículo viene la referencia de algunos de ellos y de otros libros relacionados con el tema. Los artículos en las ediciones en otras lenguas suelen aparecer en los ejemplares correspondientes a dos meses después de la publicación original. Me gustaría recomendar dos números especiales compilatorios de artículos relacionados con estos asuntos y actualizados en el momento de su recopilación. El primero es “The Hidden Mind” (la mente oculta) publicado en el año 2002. El segundo es “Scientific American Mind” (Artículos sobre la mente de Scientific American) publicado en el año 2003. Aparte de ellos existen dos números especiales monográficos con artículos originales: “The Brain” de septiembre de 1979 (“El cerebro”, Investigación y Ciencia, noviembre de 1979) y “Better Brains: How Neuroscience Will Enhance You” de septiembre de 2003 (“Manipulación cerebral”, Investigación y Ciencia, noviembre de 2003). Un artículo especialmente interesante es “Emotion, Memory and the Brain” (Emoción, memoria y cerebro) de Joseph E. LeDoux, uno de los principales investigadores en estos temas, publicado originalmente en Junio de 1994 y actualizado en la compilación del 2002.

Fundamentos biológicos del comportamiento humano. Memoria explícita e implícita.

Paso pues a desarrollar el núcleo de mi exposición. Me gustaría comenzar con una cita de las dos últimas frases de la reseña del libro “Escuchando al Prozac” hecha por Michael R. Bridges en el número 1 de 1995 del Clinical Journal of Bioenergetic Analysis del IIBA. Termina su artículo así: “La Bioenergética ha recuperado el cuerpo para la psicoterapia. Pero necesitamos recordar que el cerebro es parte del cuerpo, tal vez la parte más sensible y vulnerable.” Si queremos conseguir que las vivencias de nuestros clientes cambien y sean más gratificantes, que sus cuerpos se transformen, se reduzcan sus tensiones musculares crónicas y aumente su vitalidad, entonces tendremos que conseguir que cambie su sistema nervioso que está en la base de esos otros cambios. Esta modificación la podemos lograr de diferentes maneras. Se puede incidir directamente sobre el sistema nervioso mediante métodos quirúrgicos, químicos o mediante colocación de implantes electrónicos. A medida que progrese el conocimiento de la 3 estructura y fisiología del sistema nervioso existirán una mayor variedad de alternativas disponibles de este tipo y serán cada vez más sutiles y sofisticadas. Otra forma de incidir en el sistema nervioso es indirectamente mediante la experiencia, que es la que de hecho ha contribuido de manera significativa a su constitución a lo largo de la historia del individuo. Esta es la forma de actuación de las psicoterapias en general, de las cuales el análisis bioenergético es un caso concreto.

¿En qué medida el sistema nervioso adulto es modificable mediante la experiencia?

El sistema nervioso no es igual de plástico y moldeable a lo largo de toda la vida. Es fundamentalmente plástico durante su desarrollo y especialmente en los momentos iniciales. El poder modificador de la experiencia dependerá también de la importancia relativa que factores biológicos y de aprendizaje tengan en la génesis de rasgos específicos. Exploraremos a continuación distintas posibilidades. La dotación genética del individuo, el entorno en que se encuentra a lo largo de su vida y el azar van constituyendo su sistema nervioso y, en consecuencia, su personalidad. Dentro del entorno podemos incluir influencias físicas del tipo de exposición a drogas durante el embarazo, lesiones, infecciones, nutrición… y otras influencias de tipo psicológico como las experiencias vividas, la calidad de los vínculos emocionales, la riqueza estimular del entorno, las situaciones traumáticas experimentadas… Existen también elementos de azar en el desarrollo de un sistema nervioso con billones de conexiones sinápticas. La influencia relativa de la genética y de la experiencia varía en función del rasgo considerado, tanto en su génesis en el curso del desarrollo como en su modificación posterior. Por lo general los rasgos de la personalidad o las enfermedades del sistema nervioso dependen de la interacción de muchos genes entre sí y con el entorno. Existen sin embargo algunos trastornos que dependen exclusivamente de la mutación en un solo gen. Ejemplos de este tipo de perturbaciones son la enfermedad de Huntington y la demencia fronto-temporal. A primera vista parecería que el entorno no sería determinante en la aparición ni posterior evolución de este tipo de trastornos. A pesar de ello parece ser que el ambiente, incluso en algunos de estos casos extremos de enfermedades genéticamente determinadas, puede afectar a su desarrollo. Existen investigaciones que sugieren que un entorno estimulante logra retrasar la aparición de la enfermedad de Huntington en ratones con el gen que la ocasiona. Cabría pues concebir esperanzas de poder ayudar mediante “experiencias” incluso a personas con problemas de este género. Son más comunes los trastornos cuya aparición depende de la acción concertada de muchos genes y el entorno. Los genes en estos casos originan una predisposición a padecer el trastorno, que se desarrollará cuando existan una serie de situaciones o estrés ambientales que lo precipiten. El resultado posiblemente no sean síndromes únicos, sino más bien agrupaciones que incluyan constelaciones de síntomas parecidos, con respuesta diferente a distintos tratamientos. Sería probablemente el caso de los trastornos esquizofrénicos y depresivos. En estos casos la genética no marcaría el destino del individuo, conferiría solamente una predisposición a padecer estos trastornos que se concretaría en caso de estrés. A 4 mayor predisposición genética, se necesitaría un estrés menos intenso para desencadenarlos y al revés. Es la vieja idea de las series complementarias freudianas. Incluso en el caso de gemelos idénticos, la probabilidad de que si un gemelo padece depresión el otro también la padezca es solo del 50 %, lo que quiere decir que los genes no son necesariamente el “destino”, no determinan inevitablemente la evolución del individuo. Se ha descubierto un gen que confiere predisposición a la depresión; codifica una proteína relacionada con la serotonina, el neurotransmisor sobre el que actúa el Prozac y otros antidepresivos. Este gen solo aumentaría el riesgo de depresión en entornos estresantes. Otros estudios han descubierto que este gen es activado por glucocorticoides, uno de los tipos de hormonas vinculadas al estrés. ¿Qué conclusiones podríamos derivar de estos trabajos? Parecería que la posibilidad de ayudar mediante intervenciones ambientales a personas cuyos síntomas se desencadenan en gran medida por el entorno sería más obvia que en el caso de una etiología puramente biológica: se podría por ejemplo favorecer la evitación de situaciones estresantes o desarrollar estrategias para afrontar situaciones problemáticas de modo que reduzcan el nivel de estrés que generan.